La Comisión Independiente que investigó el llamado Desastre
de Hillsborough ha dado a conocer su informe sobre uno de los episodios más
traumáticos en la historia británica reciente, llamado a tener profundas
consecuencias.
El primer ministro David Cameron dio carácter oficial, en
una declaración ante el Parlamento, a algo que ya era vox populi: que los
hinchas del Liverpool no fueron los responsables de la muerte de 96 personas
por aplastamiento y asfixia durante un partido de copa en el estadio de
Hillsborough (en Sheffield), entre el Liverpool FC y el Nottingham Forest, el
15 de abril de 1989.
El informe de la comisión, presidida por el obispo de
Liverpool y que examinó más de 400.000 páginas de documentos, muchos de ellos
secretos, no deja dudas sobre la responsabilidad de la policía de South
Yorkshire, tanto en lo ocurrido como en el encubrimiento posterior y las falsas
acusaciones a los hinchas del Liverpool.
Pero la culpa también se extiende a ciertos sectores del
periodismo, en particular el diario sensacionalista The Sun, que dieron crédito
a los infundios, y también a las autoridades municipales de Sheffield y los
dirigentes del club Sheffield Wednesday, que descuidaron las medidas de seguridad.
Falsa realidad
Tampoco escapa de la crítica el juez de la instrucción
original, que fijó arbitrariamente una hora límite, las 15:15hs del día del
desastre, presumiendo que para entonces todas las víctimas habrían muerto, y
por consiguiente rechazó toda evidencia de lo ocurrido después de esa hora.
Esa decisión fue errónea y significó que no hubo un informe
fidedigno de cómo murieron algunas víctimas, ni de cómo fue el procedimiento de
rescate posterior y de auxilio de los heridos y moribundos sobre el terreno de
juego.
Los alcances del encubrimiento policial son particularmente
vergonzosos.
Fuentes policiales dieron al periodismo informaciones que
descargaban la responsabilidad en vándalos de la hinchada del Liverpool, que
habrían desbordado a los agentes que trataban de contenerlos y provocaron el
apretón fatal contra los barrotes de contención en una de las tribunas del
estadio.
La versión estuvo aderezada con vergonzosas descripciones de
los vándalos despojando de dinero y joyas a las víctimas, así como orinando
desde las tribunas sobre los esforzados policías que cumplían su deber.
Este cuadro tan groseramente incriminatorio provocó gran
indignación en Liverpool, pero en el resto del país se le dio crédito (después
de todo, la presencia de vándalos era habitual en aquella época), hasta que
cuatro meses después del desastre apareció el informe oficial de un juez, Lord
Taylor, rechazando esa versión y criticando a la policía.
El juez Taylor atribuyó la principal responsabilidad al
desempeño incompetente de los policías encargados de controlar a la multitud,
así como a serias deficiencias estructurales y de seguridad en el estadio;
también destacó la responsabilidad de las autoridades municipales de Sheffield,
que no prestaron la debida atención a la seguridad.
Pero la policía de South Yorkshire no sólo insistió en su
versión de los hechos en diversas instancias posteriores, sino que también,
como se supo después, alteró las declaraciones iniciales de algunos policías,
para acentuar el ángulo de la responsabilidad de los hinchas.


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